sábado, 4 de enero de 2014

DIE HEILIGEN DREI KÖNIGE!


¡Ya vienen los Reyes! El día 6 también se aproximarán hasta Stuttgart cargados de presentes. En Alemania se llaman Kaspar, Melchior y Balthasar y aunque no traen regalos a los niños alemanes (que prefieren a Santa Claus), se van a pasar por las casas de los españoles que vivimos aquí porque nosotros sí que los adoramos y les dejamos vino para ellos y zanahorias para los camellos.

¿Sabíais que las reliquias de los Reyes Magos reposan en la ciudad germana de Colonia? ¡Yo tampoco! 

Resulta que en el siglo IV, Santa Elena -que además de santa y arqueóloga, era la madre de Constantino El Grande- encontró en Persia unos huesos y decidió, sin encomendarse a nadie, que eran de los Reyes Magos. ¿Por qué? Porque le salió así del criterio. El caso es que los llevó a Constantinopla, de donde fueron sustraídos. Tras un accidentado periplo, en 1164 los restos reales acabaron en manos de Barbarroja que se los entregó al Arzobispo de Colonia. Pronto se propagó la noticia y comenzaron las peregrinaciones así que, para embellecer aquellos huesos, se les construyó un sarcófago y para adornar al sarcófago se edificó una catedral Gótica, la de Colonia, que es una de las más grandes de Europa. 

Sólo me queda deseados una noche de Reyes muy feliz y que os traigan todo lo que les habéis pedido.

jueves, 2 de enero de 2014

¡FELIZ AÑO NUEVO CON EL GEN VALENCIANO!

Mis queridos lectores, ¡Feliz 2014! O debería decir ¡Felices Fallas! Y es que jamás lo hubiera pensado; ni en la más grotesca de mis fantasías, que los alemanes tenían, como los valencianos, el gen P de pólvora, petardo y pirotecnia.

Una vez más los estereotipos me han jugado una mala pasada. Había escuchado en múltiples ocasiones que los teutones son fríos, apurados a la hora de mostrar sus emociones, poco dados a la algarabía y escuetos a la hora del jolgorio (al menos, dentro de sus fronteras). Pues bien, la noche del 31 de diciembre, me volvieron dejar con la boca abierta por dos motivos: 

1- El asombro que me provocó su manera de festejar la llegada del nuevo año. 
2- Para destaponar mis tímpanos completamente obstruidos después de que Stuttgart tronase tras la cuenta atrás.

Algo presentía los días previos a la nochevieja; la Navidad se había desvanecido de las calles el 26 de diciembre. Los mercadillos navideños, la noria, los tiovivos, los tenderetes de comida y el Glühwein se evaporaron como por arte de magia y la ciudad recobró su aspecto habitual. Ni rastro de villancicos, de espumillón, de Papá Noel, de velas o de bombillas en la calle. Pero de pronto, el día 28, donde antes se ubicaban estanterías abarrotadas de bolas, adornos, belenes y luces necesarias para que la casa pareciera una central eléctrica; ahora se emplazaban mostradores con toda clase de petardos, artificios, explosivos, cargas, dinamita, detonadores, morteretes, cohetes, bombetas, bengalas, tracas, buscapiés, efectos volantes y explosivos suficientes como para abastecer Valencia, Sídney, Río de Janeiro, Japón, Castellón y el Chupinazo de Pamplona durante los próximos 25 años. Y para mí que me quedo corta. Aquí tenéis unas imágenes tomadas en dos perfumerías... Sí, perfumerías; entre Julia Roberts, Charlize Theron y Maybelline.



Desconozco si este fervor por la pólvora se extiende por todo el territorio germano o si es autóctono de Stuttgart, donde sin ninguna duda, ya puedo afirmar que das una patada y brotan miles de maestros pirotécnicos dispuestos a dispararse una Mascletá en cualquier plaza al ritmo de Metallica. 

Me encontraba yo en el salón de mis vecinos adorables. Después de aleccionar a cinco norteamericanos y tres irlandeses sobre cómo se toman las uvas, lo de los cuartos, lo del pie derecho delante, el oro en la copa, las bragas rojas y las maniobras de reanimación en caso de atragantamiento; sintiéndome más dicharachera que nunca y la mar de original por enseñarles a celebrar como es debido y a la española, una noche como aquella en un país tan insulso; cuando de repente, surgió el estallido. 

Miles de personas, convertidos en Hipercohete, Festa i Punt y Don Petardo andantes, se habían lanzado a las calles armadas hasta los dientes de explosivos y fuegos artificiales. Sobra decir que la iglesia que está en el lago de al lado de mi casa se sumó al estruendo general. Y yo desde el balcón, sintiéndome Grace Kelly en el palacio de los Grimaldi, (probablemente con la apariencia del Alcalde de Villar de Río) me rendí ante semejante espectáculo pensando, de nuevo, que estos germanos cada día me sorprenden más y deseando que en algún lugar de la ciudad resonase Paquito el Chocolatero para culminar una noche irrepetible y sorprendente.


Más tarde, presa de la curiosidad descubrí que se le atribuye el primer uso de la pólvora en Europa a un monje franciscano y alquimista alemán, de nombre Berthold Schwarz, y que en 1340 ya existían en Alemania fábricas de pólvora.

Momento culmen en el que Berthold Schwarz descubre la pólvora.

Lo dicho: ¡Feliz año!

lunes, 9 de diciembre de 2013

GLÜHWEIN 2

Lo dijo Santo Tomás de Aquino: "el hombre (y la mujer) que bebe vino, va derechito a la gloria".  Todos los de Stuttgart vamos lanzados hacia ella.




Cada día me gusta más vivir aquí.

jueves, 5 de diciembre de 2013

ADVENTSKALENDER

Desde el siglo XIX, por estas fechas, se regala en Alemania el calendario de Adviento (Adventskalender). Una preciosa costumbre, ya exportada al resto del planeta, en la que, a modo de cuenta atrás hacia la Navidad, se procede a abrir cada día (desde el 1 hasta el 24 de diciembre) una ventanilla tras la cual se esconde cualquier cosa creada por la humanidad. Aquí, supermercados, papelerías o fruterías despachan almanaques de toda índole. Podemos encontrar los que se limitan a ocultar un dibujo navideño; son los más sobrios, hay muy pocos así (¡normal!) y sólo se venden en librerías; o los que encubren un dulce, como es el caso de Kinder, Lindt, Haribo o After Eight. 


Pero como los dulces son algo que se consume de manera habitual, los más avispados diseñaron calendarios mucho más sofisticados en los que cada portillo vela una figura con la que el niño o la niña puede completar un escenario. Es el caso de Star Wars de Lego, Barbie o Playmobil. Que uno ya no sabe si lo que le ha tocado es la Barbie Malibú o la Princesa Leia con su bikini dorado. Por cierto, me comunican que en España ya se pueden adquirir en alguna tienda de juguetes. 




¡Y llegamos ya al súmmum del calendario de adviento, el Top Three, Los Rolls-Royce de los almanaques, el no va más y la vuelta de tuerca de las tradiciones!

En el número tres: ¡el calendario cosmético! Mira, a la vez que vas contando los días que te quedan para la Nochebuena, consigues renovar tu bolsita de maquillaje. Cada mañana te vas aliñando hasta que el 24 de diciembre estés más pintada que la Mona Lisa y te contraten de Jocker para una fiesta temática sobre Batman. ¡Épico!


Para mi gusto, falta el eyeliner.

En el número dos: ¡el calendario sexy! Aquí en su versión femenina; la masculina estaba agotada. No puedo asegurar que ocurra, aunque me encantaría que así fuera, que al mismo tiempo que se abren las ventanas, se desnudan los seres humanos que lo protagonizan; a modo de estriptís de cartón. Pero me temo que eso seria demasiado trabajo de producción y que cada tapa se limita a encubrir otra imagen sexy-navideña.  Si fuera yo, haría como esos anuarios de bolsillo que si los chupas, desaparece la ropa interior del sujeto/sujeta. Sería una buena manera de ahorrarse el troquelado y la lámina trasera.



¡Y en el número uno!: EL CERVECERO. ¡Estamos en Alemania, por el amor de Dios! ¡Tenía que existir! ¡24 cervecitas, así, para empezar el día con alegría; que aquí no tendrán a Leticia Sabater pero sí birra! 





Y para colmo, además de las cervezas, el que te lo regala también te obsequia con los 6 eurazos que te devolverán cuando retornes los cascos (Pfand significa depósito) ¡Si es que piensan en todo! 


Y para terminar, mención especial para el Ayuntamiento de Stuttgart, que transforma su fachada en un gigante Adventskalender. Detrás de cada numerito habita un funcionario feliz que te sonríe desde su ventanilla.


¡FELIZ ADVIENTO, AMIGOS!

lunes, 25 de noviembre de 2013

¡OJITO CON LAS TRADUCCIONES!

Con este post inicio una serie dedicada a los funestos contratiempos que te puede ocasionar una inadecuada traducción alemán-español. Todavía no sé si las entregas comienzan y terminan aquí o si encontraré más palabras cuya mala interpretación os puede llevar a un conflicto, una situación embarazosa o directamente a perder la vida.

Pero, de momento, el término de hoy es NOT. Así, a primera vista, cualquiera que domine el inglés (y el que no lo haga, también) lo confundirá inmediatamente con la voz NO. Pues bien, si estás atrapado en un autobús que acaba de volcar, en un supermercado en llamas o en una discoteca en la que acabas de manifestar que no tienes dinero para pagar la última ronda, y necesitas salir por patas; ¿qué haces si durante la estampida, te topas con una puerta en la que reza este cartel? 




A) Te das media vuelta y buscas otra salida. Claramente NO es una vía de escape.
B) Controlas el alemán o has leído este humilde blog y te escabulles sin problema.

Si tu opción es la A, estás muerto. Si has elegido la B, ¡enhorabuena! Te toca seguir corriendo pero en la dirección correcta.

Sí amigos, porque NOT en Alemania significa EMERGENCIA. Por lo tanto, NOTAUSSTIEG es salida de emergencia.

¡Qué enrevesada es la lengua alemana! NAHRUNGSMITTELUNVERTRÄGLICHKEIT sólo significa indigestión mientras que NOT, un vocablo tan pusilánime y breve, equivale a algo tan trascendental e indispensable en este empedrado camino que es la vida.

martes, 19 de noviembre de 2013

GLÜHWEIN. DOBLES (3)

¡La Navidad se aproxima sigilosamente, amigos! Lo sé porque en Stuttgart, las fiestas son de guardar y los domingos sagrados; aquí no trabaja ni el Tato, ni Perry. Pero este fin de semana ha sido diferente y a los empleados les ha tocado hacer horas extras para engalanar sus locales y atiborrarlos de espumillón, árboles, bolas, estrellas y orondos Papás Noel, más conocidos aquí como Weihnachtsmann.

Pero no sólo eso; el frío comienza a calar en los huesos y ya podemos ingerir Glühwein para caldearnos por dentro y por fuera. Por dentro, porque es un vino especiado que se bebe caliente y por fuera porque la taza templa las manos. La llegada de la Navidad aquí se presiente, no por el estreno del anuncio de la Lotería (afortunadamente), sino por la aparición, de la noche a la mañana, de varios establecimientos que en plena calle (en Stuttgart está permitido consumir alcohol en la vía) ofrecen este peculiar brebaje. De entrada, el vino caliente no resulta muy tentador pero ocurre como con las Pringles o el sexo, que haces ¡pop! y ya no hay stop. Una vez que te acostumbras a su sabor, la sensación es sumamente interesante.

¡Brindo por vosotros! Prost!
He investigado mucho para facilitaros la receta de un buen Glühwein. Es muy sencilla y lo podéis ofrecer en vuestras fiestas navideñas para asombrar a los invitados. Para empezar, deberíais disponerlos en un balcón, jardín o cualquier superficie que aguante su peso y en la que haga tantísimo frío como para que os imploren unas estufas o cualquier otro remedio que les haga entrar en calor. ¡Y ahí es cuando podréis sorprenderlos con este potingue tan curioso del que os doy la fórmula!

INGREDIENTES
  • 2 litros de vino. Que no sea Don Simón pero tampoco un Vega Sicilia. Si puede ser un poco afrutado, mejor.
  • 1 litro de agua
  • Un buen puñado de clavos. Me refiero a la especia...
  • Cuatro ramas de canela (mejor si las partís)
  • Media taza de Azúcar 
Poned una cacerola al fuego con todos los ingredientes. Esperad un rato, dando vueltas para que el azúcar se diluya, hasta que rompa a hervir. En ese momento, lo retiráis del fogón y lo servís en tazas (tamizándolo) para no abrasados los dedos.


Si preferís prepararlo antes, lo podéis meter en termos o calentarlo en el microondas.

Y allí estaba yo, más alemana, acalorada, alborozada y feliz que nunca, dando la bienvenida a la Navidad con mi Glühwein cuando llegó él; el tercero de mis parecidos. Bueno, tercero y cuarto porque el sujeto verdaderamente abarca dos en uno. Tras hacer un profundo sondeo, con una muestra de dos personas, he podido concluir que mi compañero de ingesta se parece a Alberto Ruiz-Gallardón y a Boris Izaguirre a partes iguales, dependiendo del ángulo desde el que se le observe. Os dejo las fotos para que seáis vosotros mismos los que decidáis a quien se os asemeja este hombre tan atractivo.

Aquí tira un poco hacia Gallardón...

En esta foto es idéntico a Boris Izaguirre... Miradle los ojos...
¡Dilucidad que yo me voy a tomar un vino! 

En la próxima entrega: El insólito, peculiar e incluso aterrador modo de captar clientes en algunos comercios de Stuttgart.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¡BASURA!

No, no pretendo insultar a nadie.


Hoy tenía planeado escribir sobre el insólito, peculiar e incluso aterrador modo de captar clientes en algunos comercios de Stuttgart, pero determinados acontecimientos de última hora me han forzado a replantear el post. El tiempo que pasé en los servicios informativos de cierta cadena autonómica madrileña (por cierto, un fuerte abrazo a los trabajadores de RTVV) consolidaron en mi cerebro aquello de conectar la información que pretendes ofrecer con un hecho noticiable; lo que se denomina la percha informativa. Y como hoy la tengo, cuelgo el tema que tenía programado y me descuelgo con un asunto adaptado a la coyuntura que acontece en Madrid, donde se ha declarado una huelga indefinida del Servicio de Limpieza.

Pues bien, cuando resides en una capital europea descubres inmediatamente que lo de la basura es un tema escabroso, del que tienes que aprender varias lecciones desde el primer día o de lo contrario, estarás abocado al fracaso vital. A saber: separar, lavar, hacer pequeño y acumular hasta el día B (de basura).

Para empezar, se necesitan tres cubos mínimo, cada uno de los cuáles debe estar habitado por una bolsa del color que corresponda. Orgánico, negro; plástico y envases, amarillo; papel y cartón; transparente. El cristal se ha de acomodar en el envoltorio que resulte competente para acercarlo a los contenedores que suelen pillar un poco lejos de casa y que, a su vez, se dividen en blanco, verde y marrón según sea la tonalidad del vidrio del que deseas desprenderte. Las botellas de plástico son un caso singular ya que si las devuelves, el establecimiento te reembolsa los céntimos que pagaste por adelantado el día que las compraste. Y no es moco de pavo, he llegado a reunir siete euros. Hasta aquí, si eres de los que reciclas, la cosa funciona como en España.

Lo más importante es saber los días de recogida ya que son escasos: lo orgánico, una vez por semana; el plástico, cada quince días y el cartón, cada tres semanas. Con este margen de tiempo tan amplio, hay que organizarse para que: 

A) La casa no parezca un vertedero. 
B) La casa no huela como un vertedero. 

Para ello, lo más eficaz es lavar la basura. Sí, parece extraño pero al final te acostumbras; que terminas un yogur, pues antes de arrojarlo a la bolsa amarilla, lo lavas. Que lo que rematas es un bote de aceitunas, procedes de igual manera. Asimismo, es conveniente hacer pequeña la basura: aplastarla, desmenuzarla, comprimirla, enrollarla, triturarla y dejarla como si una apisonadora hubiese pasado por encima de ella; conseguirás que ocupe menor espacio y descargarás un poco de estrés.

A modo de ejemplo: mañana jueves toca recogida de plástico y envases; y hoy las calles se han teñido de amarillo. Ahí las tenéis:







Eso sí, os aseguro que no volveremos a ver una bolsa de basura amarilla hasta dentro de dos semanas. 

¿Y qué pasa con lo que no es orgánico, plástico, cristal o papel? Cuenta la leyenda que en algunas comunidades de vecinos hay un cubo negro, tan misterioso como el armario de Narnia, en el que la basura no identificada desaparece como por arte de magia. Pero en mi casa no hay.

Y mucho ojito con hacer las cosas mal porque te devuelven la basura a la puerta de casa. A mí me ocurrió; me encontré estas cajas apiladas en mi rellano.


Ese día aprendí que hay que vaciar las cajas completamente y arrancar las etiquetas con tu nombre y dirección antes de tirarlas para que no te localicen.

En la próxima entrega: El insólito, peculiar e incluso aterrador modo de captar clientes en algunos comercios de Stuttgart.